domingo, 14 de agosto de 2016

Tristeza y depresión: mi experiencia. Parte 1

Hoy en día la palabra depresión es usada como sinónimo de tristeza. Y sí, en parte tiene sentido. Sin embargo, la depresión puede tener causas biológicas, siendo considerada una enfermedad como cualquiera. Con esto me refiero a que no es solo estar triste. Conlleva un montón de otros factores, como la falta de interés en absolutamente todo, el desgano, la desesperanza, y hasta el suicidio.
En este post lo que voy a tratar es mi experiencia personal.

Una de las cosas más desesperantes de la depresión es que a veces no se sabe la causa. No siempre se puede saber. Hay gente que cae en ella por la pérdida de un ser querido, un cambio repentino en su vida o por todo su entorno en general. Pero, ¿qué pasa si todo va bien? Quizás hay motivos subconscientes que se deben tratar con la psicoterapia, o un problema de origen químico que será tratado con medicamentos.

"Morir o seguir viviendo con el dolor. Es una batalla constante en mi mente".
Creo que todo empezó cuando tenía trece años. Ya no quise ir a la escuela, faltaba muchísimo. Solo tenía una amiga, y si no estaba ella yo entraba en pánico. Me di cuenta de que no era feliz. De que mi estado se alejaba infinitamente de la felicidad.
Al principio nadie comprendía lo que pasaba. Intentaban sacarme de la cama a la mañana por todos los medios posibles, sin resultado. Por fin, mi mamá decidió llevarme a una psicóloga. No me acuerdo cómo reaccioné yo ante la noticia, pero la cuestión es que fui, y de buena gana. Por suerte di con una profesional excelente, con la que aún me sigo tratando.
Igual, la cosa no se solucionó rápido. Pasé por varias cosas que me hicieron aún peor, como vivir con mi papá un tiempo, donde no estaba a gusto. A fin de año terminé llevándome solo cuatro materias porque los profesores fueron compresivos.
Mirándolo en perspectiva, no parece tan terrible, aunque vivirlo fue un pequeño infierno personal. Me adentré en el mundo de la automutilación, y eso espantó a mis personas cercanas.

El año siguiente, el 2013, fue un poco mejor. Más o menos me las arreglaba en el colegio, en especial porque se me abrió un horizonte nuevo: hice una nueva amiga y gracias a ella, un nuevo amigo. Ese amigo fue y es una de las personas más importantes de mi vida. Estuvo ahí siempre que lo necesité y me hizo saber lo que verdaderamente era la amistad. 
Sin embargo mi humor habitual era triste y lúgubre. No tenía pasión por nada. Me gustaba un chico, pero era imposible y vivía lejos. Era mi único entretenimiento, y encima me ponía más triste de lo que ya estaba.

Poooooor suerte el 2014 se vino con todo. Me divertí, hice contacto con gente nueva, porque me había cambiado de colegio pero con los mismos compañeros. Afiancé lazos con los amigos cercanos y milagrosamente me abandonó la timidez. Me enamoré de como una docena de personas ahí dentro e hice muchas locuras por ellos. Como pedir autógrafos.... xDDD  Iba todos los días al colegio porque de verdad tenía motivación. Aunque ahora estaba triste a veces porque el profesor que yo amaba y recontramaba (mentira, solo era calentura) era un imposible. Sí, desde el 2010 que mi principal objeto de tristeza siempre es un objetivo amoroso imposible. Pero a la vez era divertido. #Inmadurez
Claro, divertido hasta que para ver "cómo se sentía" me compré a escondidas una botella de vodka y me la tomé casi entera. Ouch. por poco muero. Vino la emergencia y todo.


El alcohol no es la respuesta. Y me da bronca que en ese momento no sabía lo feliz que era, porque si hubiese sabido lo que pasaría al año siguiente, hubiera reservado el vodka para más adelante. 


Yo, un tanto en pedo
En fin, algunos hablan del camino hacia la recuperación... Digamos que yo fui pa'bajo por mucho tiempo más. O sea, tiene sentido el dicho que dice las cosas empeoran antes de mejorar. Empeoraron mucho. Ojo, no mi entorno ni mi realidad, sino las cosas en mi cabeza, porque gracias a todos los cielos tengo una familia hermosa y muy dulce. No fue suficiente.

¿Cómo estoy ahora? Mucho mejor. Estoy tomando medicación psiquiátrica, aunque a esa parte todavía no llegué en mi relato y será para otro día. Digamos que lo peor ya pasó. O eso creo. Esta puede ser la calma antes de la tormenta, no lo sé. Quizás una vez que te caes en el pozo, estás siempre ahí, más arriba o más abajo, pero en el pozo. Aún me falta descubrirlo. Por eso quiero ser psicóloga: para entender y para algún día ayudar a otros.

Lo importante es que ya no duele tanto. El que pasó por algo parecido va a saber de qué tipo de dolor hablo. Dolor que te hace llorar, tirarte al suelo, mirar un punto fijo, no poder respirar. No ser capaz de nada.

No es para siempre. Es como una ola, pasa destruyendo todo a su paso, pero luego se va. Tenemos que tener fe en que es así. 





1 comentario:

  1. Creo que te entiendo, y mucho, he pasado algo similar este tiempo, aunque no sé por qué empecé a sentirme así aunque creo que esto viene de años pero simplemente elegía ignorarlo, pero siempre creí y sigo creyendo que todo tiene que mejorar, cuando siento que me hundo me digo a mi misma que tengo que seguir porque soy una luchadora y eso es lo que las luchadoras hacemos, seguimos e intentamos estar mejor.
    Me alegra que estés bien y me inspira el hecho de que quieras ser psicóloga, es muy noble que quieras ayudar a otros. Gracias por compartir parte de tu historia, saludos!

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